Autor: Dr. Ezequiel Colmenero-Acevedo.
Son los primeros días de primavera en Aguascalientes, es tiempo de buscar una pareja con quién formar una familia. Es una huilota macho y ha llegado a su edad reproductiva, y justo hay una hembra en la zona en la que está especialmente interesado, pero sabe que será un reto conquistarla.
Empezando el día elige tres posibles sitios para el nido. Tal vez a ella le guste el campo, así que elige una zona despoblada con arbustos afuera de la ciudad de Aguascalientes. Pero tal vez ella prefiere la ciudad y la cercanía de los humanos, los cuales proveen de fuentes de alimento sin siquiera saberlo, así que elige una cornisa de una iglesia antigua. Pero tal vez ella no le guste un lugar donde hay otras parejas de huilotas, así que elige un espacio algo oculto en un tanque de agua abandonado en una zona menos poblada de la ciudad.

Cuando ve a la hembra que le gusta inicia la demostración. Infla su pecho para mostrar su fuerza y su poder. Ella se percata del intento de cortejo, pero no es suficiente, hay otros candidatos y tendrá que hacerlo mejor. Entonces el macho interesado se alza en vuelo, luego en picada y dando piruetas ágilmente, haciendo formas en el aire. Su danza de apareamiento la convence, pues nunca había visto un macho volar tan grácilmente y a la vez con tal fuerza, este será un macho ideal para formar una familia.
Ella se acerca y le muestra su interés, pero falta ver cual sería un buen lugar para el nido, por lo que él la lleva a los tres lugares que ha seleccionado esa mañana. Llegando a la cornisa de la iglesia le dice:
– Me gusta la iglesia, tiene buena vista, pero los humanos a veces quitan los nidos de las aves, no quiero que destruyan nuestro nido.-

El macho no pierde la esperanza, y la lleva al tanque de agua abandonado. Ella le agrada el lugar, no parece probable que los humanos vayan a quitar un nido de algo que parecen haber abandonado, aún así ella le dice:
– No quiero vivir en algo que los humanos han despreciado.-
El macho no pierde la esperanza, aún cuando eran lugares idóneos para poner el nido. La lleva a los arbustos fuera de la ciudad. Ella se ve interesada y le dice al macho:
– Me gusta, no parece haber humanos en las cercanías y estos arbustos pueden darnos buena protección contra depredadores, tendremos que hacer el nido dentro de un arbusto frondoso-
El macho está feliz, ha encontrado una pareja, presuroso va a recoger algunas ramillas, puesto que es papel de la hembra el de construir el nido con el material que el macho provee. En un par de horas él ha reunido suficiente material y ella inicia la obra, la concluye en menos de una hora.

El macho dice:
– Que hermoso nido has construido, se ve fuerte y listo para que nuestros polluelos estén a salvo. –
Esa misma tarde se aparean, es un momento muy feliz, al fin son adultos y en poco tiempo tendrán los huevos que tanto añoran. Esa noche duermen juntos, gozando de un ambiente cálido lleno de amor el uno junto al otro, son la pareja ideal, están convencidos que son las huilotas más felices del mundo.
A la mañana siguiente, se dedican a a buscar comida para la hembra, necesita proteínas puesto que los huevos se están formando, para ello encuentran algunos insectos. En la tarde regresan al nido, en donde la hembra descansa por una horas hasta que sale el primer huevo. El macho está feliz, este es su primer huevo, y dará un polluelo hermoso, seguramente será un macho y será tan fuerte como él. Luego de unos minutos sale otro huevo, dos en total, serán una familia de cuatro.
Los siguientes catorce días se turnan para mantener los huevos calientes, ambos los empollan mientras que uno va a buscar comida. Afortunadamente en la zona hay muchos insectos y semillas, puesto que hay bastante vegetación. También se han dado cuenta de que hay una granja cercana, y los humanos dejan tirado todo tipo de alimento que es útil para la pareja.
Un día de incubación, el macho va a buscar alimento, dejando a la hembra sobre los huevos. La excursión es productiva puesto que ha comido bien de diferentes cosas. Cuando va de vuelta siente una presencia detrás, al mirar hacia atrás en vuelo… ¡Un águila va por él!, rápidamente se lanza en picada, el depredador se abalanza sobre él con las garras listas, pero el huilota es ágil y se ha mantenido fuerte, hace unos giros para forzar al águila a cambiar de rumbo y se pica una vez más hacia un matorral de huizaches, el águila por su tamaño no puede pasar entre las ramas de las plantas, las cuales además están cubiertas de espinas. En su apuro por buscar la protección, el huilota se ha herido con dos espinas, pero aún puede volar. Espera un rato a que el águila se vaya lejos y vuelve al nido con cautela.
Al llegar al nido, la hembra que ya estaba preocupada por su pareja, lo ve llegar herido, lo atiende sin descuidar a los huevos, lo acaricia y lo deja que se ponga junto a él. Cae la noche y están a salvo.
Al terminar los quince días de empollar los huevos y mantenerlos calientes, eclosionan, los dos casi simultáneamente. Es el día más feliz de la pareja de huilotas, ya son una familia. Los polluelos están hambrientos, afortunadamente sus padres están listos y los empiezan a alimentar con leche de buche. A los polluelos les encanta.

Los padres saben que pasarán otros quince días antes de que los polluelos puedan empezar a volar, mientras tanto habrá que seguir alimentándolos con leche de buche y poco a poco darles semillas, púes insectos aún no.
La pareja de padres está orgullosa, hablan constantemente de cómo los van a educar, de como los enseñarán a volar y a conseguir comida. También están conscientes de que hay que enseñarlos a escapar de los depredadores. Él solo pensar en depredadores, le hace al macho recordar su reciente encuentro con el águila, y le preocupa que aún pueda estar por la zona. Acuerdan que la hembra no deje el nido por ahora, en lo que él ve que tan seguro es y si el águila aún merodea la zona. Creen que lo mejor será que estos días tengan cuidado en lo que los polluelos pueden volar, entonces podrán mudarse a la ciudad, tal vez a la cornisa de la iglesia. Saben que las águilas no suelen entrar a las ciudades de los humanos y pueden estar cerca de otras huilotas para protección.
Es el día siete desde la eclosión, los polluelos están cada vez más grandes, ya tienen sus plumas y el macho ha conseguido muy buen alimento. La hembra sigue cuidando el nido y solo saliendo cerca del arbusto, siempre bajo la mirada del macho. Él decide que les dará a los polluelos algo más, los quiere tanto que les dará una comida especial, unas semillas que ha probado en una granja, donde los humanos se las dan a otras aves que tienen enjauladas.
La excursión a la granja es un éxito, el macho lleva el vientre lleno de esas semillas altamente nutritivas y de gran sabor. Está casi llegando al arbusto donde está el nido, su familia lo ve llegar a la distancia. De pronto la hembra le grita ¡Cuidado, atrás de ti! El macho apenas alcanza a verlo, el águila ha vuelto. Por el peso de las semillas que ha recolectado le cuesta trabajo volar, evade al principio pero lleva mucho alimento y el águila es feroz. La hembra sale a su auxilio, a unos metros de que la hembra llegue, el águila da un zarpazo tratando de tomar al macho, con su garra lo hiere, le corta el ala en dos, justo cuando la hembra llega en su auxilio. Ella no puede hacer mucho, usa su patas y su pico para herir un poco al águila que estaba distraído tratando de devorar al huilota macho. Antes de que pueda probar bocado, el mismo macho usa su pico para atacar, el águila está rebasado, se bate en retirada, dejando al macho mal herido.

La pareja vuelven al nido espantados, desesperados por el ataque, preocupados por su familia y el águila. El macho no puede volar, los polluelos no están listos y no conocen a otras huilotas en la zona que los puedan apoyar.
Al día siguiente, acuerdan que sea la hembra la que salga por comida, siempre manteniéndose cerca al arbusto. El macho no puede volar y no puede buscar comida, podría tardar días en sanar su ala, si es que sana del todo. Es el octavo día después de la eclosión, faltan al menos seis o siete días para que los dos polluelos puedan volar.
Amanece el décimo día después de la eclosión, los polluelos se están desarrollando, pero el macho está muy herido, no parece que se vaya a recuperar pronto, al menos la herida se ha cerrado y ya no sangra, pero no puede usar el ala, lo cual le preocupa puesto que si ataca el águila, no podrán ahuyentarlo entre las dos huilotas. La hembra va por comida, solamente algunas semillas e insectos cercanos al arbusto, pero casi no hay, el día es caluroso y los insectos están bajo tierra. Tal vez haya algunas semillas o flores en lo que parece ser un campo de aceitillas cercano, la hembra se aleja un poco del arbusto y el nido. El macho la vigila a la distancia, listo para darle una señal de alerta si ve algo acercarse.
Cuando la hembra llega a las aceitillas, el águila aparece de nuevo, había estado vigilándolos desde lo alto y aprovechó su agudeza visual para calcular el mejor momento para atacar. El macho se da cuenta que va por ella y le alerta, por lo que ella se apresura a regresar a la seguridad del arbusto, pero a medio vuelo… el águila la toma con sus patas, las garras atraviesan a la huilota que no pudo volar lo suficientemente rápido, una garra le penetra el costado derecho y la atraviesa por en medio de su cuerpo hasta salir por debajo de su ala izquierda. El macho huilota ve con desesperación como el águila se lleva a su amada, ella va viva aunque mal herida, no hay esperanza, él no puede volar, ella no puede escapar del agarre mortal del depredador.
La hembra se ha ido, seguramente ha sido devorada por el águila, el macho no puede volar, y los polluelos no han alcanzado la madurez, no hay comida, no hay como salir del nido para buscarla, no hay nadie ni nada que los pueda ayudar. ¿Que será del macho? ¿Que será de los polluelos?


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