Había sido un día especialmente lluvioso, a cierto punto me pareció que parecía que el cielo lloraba puesto que no había truenos, no había viento, no era una lluvia torrencial, era como un lamento constante. Ya había estado lloviendo así por tres días.
Ya era de noche y la lluvia no había parado cuando llegaba a casa. Desde afuera vi que solamente la luz de la sala estaba prendida, solamente, ni siquiera la luz del comedor o del recibidor, que eran las tres luces prendidas que siempre me esperaban al llegar a casa.
Después de estacionarme, corrí a la entrada para evitar mojarme de más, pues de repente parecía que la lluvia aumentaba de intensidad, justo a tres metros de la puerta. Apenas había terminado de girar la manija y empezaba a abrirla, cuando pude escuchar los sollozos de mi madre, era un lamento callado pero continuo.
Con prisa dejé mis cosas sobre la mesa junto a la entrada, y rápidamente me dirigí a la sala, de donde provenía el sonido de lamento de mi madre y de donde provenía la única luz prendida de la casa. Mi madre ocupaba la orilla del sofá de tres plazas, lloraba mientras sostenía un papel que había sido doblado en tres secciones. Me acerqué con cautela y le pregunté:
- Madre, ¿qué ha pasado? ¿Que tienes?
En medio de sus sollozos, mi madre trató de tomar aire tres veces, al tiempo que se limpiaba las lágrimas de la cara usando solamente su mano. Con los ojos rojos y mostrando una expresión de tristeza me dijo:
- “Llegó esta notificación con un mensajero, tiene noticias, tres malas noticias.”
- “Déjame leerla madre, respondí” – al tiempo que me pasaba la carta con su mano temblando. Rápidamente la leí y le dije: – “No te preocupes, seguramente podremos solucionarlo, voy a encontrar una manera de resolver la situación.” Se lo dije con la mejor firmeza que pude, pero creo que ella pudo haber notado mi impresión al leer el papel impreso y mi voz se cortó un poco al hablar. Traté de disimular, pero el contenido de la notificación era altamente preocupante.
- “No hay forma de resolverlo” – me dijo al tiempo que se levantaba del sofá, y que se dirigía hacia las habitaciones, lentamente, con la cabeza mirando al piso y casi tambaleando.
- “No te preocupes madre, mañana pensaremos en algo y verás que todo saldrá bien” – Le dije al tiempo que ella pasaba el umbral de la puerta de su habitación, la cual era la tercera puerta desde la sala.
Mi madre cerró su puerta y no volvió a salir, incluso cuando le pedí que comiéramos una merienda juntos. Solamente me dijo que me fuera a dormir y la dejara sola. Insistí en que me dejara entrar para dialogar, quería reconfortarla puesto que la había visto muy decaída por las malas noticias.
Toda es noche estuve pensando, mortificado por encontrar la solución. Tres veces antes de la media noche fui a tocar la puerta de mi madre, cada vez toqué su puerta tres veces con mis nudillos, mi madre seguía despierta y cada vez me decía tres veces: “No quiero hablar, no quiero hablar, no quiero hablar”.
Cerca de las tres de la mañana caí dormido, después de haber seguido pensando en soledad sobre una posible solución. Supongo que mi preocupación no me dejó dormir mucho más que tres horas, puesto que a las seis de la mañana me desperté, y con prestancia me paré a decirle a mi madre la solución la cual me había llegado a mi mente justo al momento de despertarme. Fui rápidamente hasta su habitación, toqué tres veces igual que antes y le dije en voz alta y lleno de emoción:
“¡Madre, ya tengo tres posibles soluciones!, déjame pasar y en tres minutos te las comento.” No hubo respuesta a mi entusiasmo. Insistí tocando tres veces de nuevo. Supuse que también se había desvelado, por un momento pensé dejarla dormir otro rato, pero mis tres ideas eran tan buenas que no podría esperar a que las oyese, así que me atreví a abrir la puerta, a pesar de estar acostumbrado a nunca abrir una puerta cerrada.
Al entrar en la habitación no vi a mi madre, la cama estaba tendida, pero su ropa estaba cuidadosamente doblada en la orilla de esta. Me llamó la atención que la puerta del baño estaba ligeramente abierta, lo cual era raro pues ella detestaba dejar abiertas las puertas de los baños.
Rápidamente abrí completamente la puerta del baño y la vi, mi madre estaba metida en la bañera, con el cuerpo sumergido una solución rojiza de agua con sangre. Se había cortado las venas en la bañera, tenía tres cortadas profundas en los brazos. Parecía dormida, pero era evidente que estaba muerta. Había una navaja junto a la tina, y tres grandes gotas de sangre entre la tina y la navaja.
Al verla grité, el mundo giró a mi alrededor tres veces como si estuviese en un torbellino y sentí que caía a un abismo. Empecé a llorar con desesperación y caí sobre mis rodillas, las cuales aterrizaron sobre un papel que mi mamá había escrito a mano antes de morir, el cual tenía tres frases formadas de tres palabras: No hay solución, no hay solución, no hay solución.

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